José Luis Ortiz-del-Valle Valdivieso – Juez 32 Administrativo de Bogotá
10 de septiembre de 2015

Tal vez no hemos tenido en estos doscientos cinco años de vida republicana, un solo decenio que no esté marcado por la violencia o las violencias desde todas las facetas de nuestra sociedad. Aun mas, del entronque cultural anterior tenemos noticias de cómo este territorio fue escenario de cruentas luchas precolombinas y posteriores. Si, esa es una realidad no solo de América si no del planeta entero, pues parece que la historia se ha escrito a partir de las guerras crónicas y esporádicas en todas las latitudes. El signo más característico, entonces, de la especie humana no ha sido la paz sino el conflicto, la confrontación, la lucha, la guerra… Parodiando a un poeta “quien dijo humanidad dijo guerra”.

Ahora bien, no es, claro está, por gusto propio que afirmo lo anterior, pues toda persona quisiera que esa realidad fuera contraria totalmente: que la paz fuera la divisa predominante de los humanos. Se trata de lógica elemental, porque nadie quiere el estado de enfermedad si no el de plena salud, ello resulta obvio para todos en condiciones normales.

Alguien dijo en el siglo pasado que nunca se había hablado tanto de paz y tal vez nunca habían existido tantos conflictos en la humanidad, es casi una paradoja. Y si algo heredamos del siglo XX con todas sus nefastas consecuencias fue la guerra, ese mal tangible e intangible al mismo tiempo.

¿Quien puede afirmar con certeza que haya acaso un solo pueblo actual que no esté asolado por algún tipo de violencia contra los individuos o los colectivos?

Ya en nuestro terruño estamos sobre saturados de violencias y sobre diagnosticados de las causas de ellas.  El propósito nacional sobre la paz resulta muy loable pero, ¿quién quiere de verdad la paz y no solo unas componendas accidentales para los principales actores violentos? No podemos seguir el sol sin protegernos los ojos pues quedaremos ciegos ante tanta luminosidad. Apoyar sin reparos cualquier intento de paz parcial o integral no nos lleva sino a engendrar mas violencias, porque todos los que no sean convocados y tengan efectiva participación en esos intentos, serán los nuevos excluidos que perpetuarán el sistema crónico violento.

Tuvimos un buen intento de paz al final de la Guerra de los Mil Días, evidentemente eso fue convocado a través de algo que, para la época, más o menos nos articulaba: las creencias religiosas comunes. El país ha cambiado mucho desde esos años y está claro que ese ya no es un punto común que aglutine a las diversas fuerzas que interactúan en nuestra sociedad. En todo caso el método es rescatable para todos los pueblos y consiste en buscar los puntos e intereses comunes, lo que nos puede articular, cohesionar, convocar a todos; aquellos tangibles e intangibles que a todos nos importan desde la diversidad que somos. ¿Los que dirigen los intentos de paz tienen claro esto?

Scroll al inicio