Este año estuvo lleno de contradicciones insalvables para las juezas y los jueces de Colombia. Asonal reivindicó el paro judicial como un derecho, pero al mismo tiempo afectó los derechos de los usuarios, al punto que salimos a vacancia judicial en paro; algunos magistrados de altas cortes estuvieron involucrados en escándalos sin que los jueces pudiéramos hacer nada; se está reformando la justicia con el objeto de reequilibrar el poder sin jueces y sin que los jueces influyamos en su configuración.

Frente a este panorama, los medios de comunicación más influyentes han titulado esta situación “La Justicia en Colombia ¡Qué vergüenza! (http://www.semana.com/nacion/articulo/la-justicia-en-colombia-en-el-2014/411997-3). El Tiempo sintetizó la crisis de la justicia sosteniendo que “desde el año 2010, la imagen negativa del sistema judicial pasó del 57 al 83 por ciento, y la aprobación, del 35 al 15 por ciento. “Tanto así que hoy los colombianos dicen desconfiar más de su sistema de justicia que de la clase política. (http://www.eltiempo.com/politica/justicia/escandalos-en-cortes-y-paro-judicial-opacaron-imagen-de-la-justicia/15003584)

La pregunta que nos hacemos los jueces es que tanta responsabilidad tenemos en esta situación? Para responder esta pregunta queremos proponer una hipótesis de trabajo que serviría de orientación a la posible salida a esta crisis de la justicia en Colombia.

Nuestra idea es que el juez debe ocupar un lugar cultural y político distinto que le permita comprender su verdadero valor institucional en la construcción de una sociedad democrática, participativa y pluralista, pues el lugar que hasta ahora ha ocupado ha estado unido a esas prácticas informales y gestos que finalmente lo que hacen es reproducir esas mismas formas culturales y políticas de un país con mucha fragilidad institucional, donde se impone es el formalismo, el clientelismo, la corrupción y las muchas formas de violencia.

Queremos por eso aceptar la invitación que haría Michel Foucault para responderse doscientos años después la pregunta sobre qué es la ilustración. Y nos parece que es oportuno esa provocación porque la respuesta supone haber caracterizado la modernidad como una “actitud”, es decir, como un “modo de relación en referencia a la actualidad; una escogencia voluntaria hecha por algunos; en fin, una manera de pensar y de sentir, una manera también de actuar y de conducirse que, a la vez, marca una pertenencia y se presenta como una tarea. Un poco, sin duda, como aquello que los griegos llamaban “ethos”[1].

En este punto, entonces, queremos proponer que las juezas y los jueces de Colombia asumamos este reto del pensar con una actitud moderna que nos permita comprender nuestro verdadero valor, desde nuestra relación con la cultura y la historia, para volvernos verdaderos sujeto autónomos. Pero al mismo tiempo, este mismo ethos nos debe conducir a mantener esa actitud crítica como la única forma de contribuir con la construcción de nuestras instituciones. En definitiva, salir de la minoría de edad y asumir una actitud como los jueces y las juezas del siglo XXI.

Ahora bien, el método que propone Foucault consiste en preguntarse no por los conceptos o estructuras formales que carácter universal, sino como si éstos no existieran o no hubiesen aparecido. Y es desde aquí donde nosotros queremos pararnos un momento para responder la pregunta pendiente desde el principio.

En cuanto al paro, los jueces nos encontramos frente a la reivindicación de un derecho como es la huelga por parte de Asonal, sin embargo, cada uno asumió de manera distinta su participación o su abstención. El panorama es bien complejo por el tipo de relación que mantienen los jueces con Asonal y debido a que por cada juez hay por lo menos cinco empleados, sin contar la Fiscalía. Obsérvese que quien votó el paro fue Asonal y más específicamente, las bases, decían ellos. Los jueces en su inmensa mayoría y por no decir, en una mínima expresión pertenecen a dicha organización. Sin embargo, el paro se realizó en su nombre pero sin los jueces. Lo diciente de esta situación fueron las actitudes que asumimos y la idea que tenemos de los derechos. El valor fundamental que orientó las acciones de los pro paro fue que en Colombia la única manera de reivindicar y alcanzar derechos son los medios puramente políticos y hasta de hecho, por esta razón participaron activamente en el paro votándolo e impulsándolo a través de sus empleados. Otros que no estaban con el paro, por el contrario, acudieron a formas igualmente unilaterales y de hecho para reivindicar su derecho a no participar en la protesta. El Gobierno nunca se sentó a concertar y el Consejo Superior de la Judicatura, que se encuentra cuestionado en su representación y legitimidad, terminó culpando a los jueces de esta tragedia, y chantajeándolos con retener salarios y prestaciones sin aplicar las reglas del debido proceso y el principio de distinción. En síntesis, los jueces se encontraron en una contradicción evidente. Cómo reivindicar y alcanzar sus derechos dentro de un ordenamiento jurídico congestionado y moroso, donde ellos mismos pueden aparecer ante la sociedad como víctimas y victimarios, donde las formas racionales para reconocer derechos son mínimas o están mediadas por clientelas y prácticas informales?. Lo peor de este panorama es que en Colombia el postulado de que todo vale, es desde hace mucho tiempo un antivalor enquistado en nuestra cultura que funciona para lograr derechos.

En cuanto a los magistrados de las Altas Cortes que fueron objeto de crítica y rechazo por la opinión pública, al punto de pedir la revocatoria de todos, debemos decir, primero, que entre aquellas y los jueces solo existe una relación funcional e indirecta, porque desde el frente nacional se creó la cooptación como mecanismo para escoger a los magistrados y a partir del 91 los candidatos provienen de lista conformadas por la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, excepto de la Corte Constitucional. Cuáles son las prácticas y actitudes que acompañan y definen llegar y ejercer la magistratura? Lo primero es que la carrera judicial solo funciona hasta los Tribunales, y aún así no se aplica de manera íntegra porque no sirve como instrumento para otorgar incentivos y beneficios al interior de la rama judicial ni para proveer los cargos en provisionalidad; segundo, debido a la intermediación de la Sala Administrativa de Consejo Superior de la Judicatura, en la conformación de las listas, se crearon incentivos perversos e informales para lograr estar incluido en ellas y para luego ser cooptado, seguramente esto explica lo de la silla giratoria y el crucero; tercero, las altas cortes están desconectadas de los jueces, son unas élites que provienen de lugares que hoy son cuestionados por muchos juristas y sectores de opinión.

Por último, el proyecto de reforma constitucional de equilibrio de poderes parte de una premisa no demostrada, pues no se sabe por qué las facultades electorales o nominadoras de las Altas Cortes y Magistrados son un factor de desequilibrio. Lo que en realidad se está aprovechando es el mal momento y mala imagen de la rama, para buscar ahí si reforzar la facultades del ejecutivo. Sin embargo, varios son los cuestionamientos que se escuchan al interior de la Rama Judicial como en la opinión pública con respecto a dichas facultades. Digamos que la razón para involucrar a la rama judicial en la reconfiguración del poder político en Colombia viene de la crisis del régimen político que antecedió a la constitución actual y los constituyentes creyeron, con buenas intenciones, que permitiendo que los jueces participaran en la nominación de ternas o elección de contralor, procurador, fiscal o contralores departamentales y distritales las virtudes de la ponderación y buen juicio de la judicatura servirían para mejorar las prácticas políticas, sin embargo, todo pareciera que fueron los vicios y taras politiqueras las que terminaron cooptando a la judicatura, ya que son precisamente esas competencias las que hoy le han servido a la opinión pública y a la gran prensa para atacar a la rama judicial. A pesar de todo, los magistrados como jueces colegiados que son, terminan siendo las cabezas visibles de la rama judicial y todos sus actos, gestos y actitudes terminan representándola, debido a que lo que espera la ciudadanía de sus jueces es que sea sabios, prudentes y justos, pues al haberles concedido el lugar institucional de dar la última palabra dentro de una sociedad pluralista, secular y participativa, lo que se espera de ellos es que sean ejemplo y construyan la idea de justicia como razón pública.

Asojudiciales es una filosofía que pretende convocar a todos los jueces y juezas de Colombia para el siglo XXI, que frente a las anteriores situaciones, asume una postura autocrítica y propositiva, a partir de la militancia y el respeto de los derechos. Esencialmente cree que esta sociedad lo que requiere son juezas y jueces independientes, con vocación de servicio y convicción sobre su lugar político y cultural para hacer posibles gestos, actitudes y prácticas democráticas, pluralistas y justas.

Asojudiciales desea que para NAVIDAD Y AÑO NUEVO 2015, todos podamos estar junto a nuestras familias, que los llenemos de regalos, abrazos y mucho amor, que eso nos hace mejores seres humanos y personas con mayores capacidades para poder comprender a los otros.

[1] Foucault Michel. ¿Qué es la ilustración?. En: Revista Colombiana de Psicología. MCMXCV No. 4. Publicación del Departamento de Psicología de la Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, pp. 15. (Esta pregunta fue asumida en la clase el 5 de enero de 1983. El gobierno de sí y de los otros. Fondo de Cultura Económica. Bogotá, 2009, pp. 17-39

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